No es de extrañar que, cuando te dispones a comer un trozo de queso, antes le quites la corteza. Sin embargo, no te preocupas de retirar la parte grasa del jamón, la piel del calabacín, de las uvas… Incluso hay personas a las que les encanta la piel de las berenjenas. Entonces, ¿por qué no te comes siempre la corteza del queso? Si crees que no es comestible, debes saber que en realidad estás desperdiciando una parte muy sabrosa de este producto lácteo. Te contamos con más detalle qué tipos de cortezas existen y cuándo las podrías aprovechar como alimento.
Tipos de corteza de queso
Según la normal de calidad de quesos, se puede distinguir entre la corteza natural y la artificial. Y aunque no todas son comestibles, quédate tranquilo, porque ninguna de ellas resulta tóxica.
Corteza de queso natural
Es la que se genera de forma natural durante el proceso de maduración. Cuanto más viejo sea un queso, la corteza tenderá a ser más visible, seca y dura. En el queso tipo Burgos o en la mozzarella esta corteza no llega a formarse, ya que se trata de un producto fresco no madurado.
Las cortezas naturales se dividen en 4 subtipos:
– Natural fresca con moho (como el queso brie, camembert o el rulo de cabra).
– Natural seca con moho (como el queso manchego o el Idiazábal).
– Seca sin mohos (muy dura, a veces recubierta con aceite).
– Natural bañada (presenta un baño con una mezcla especial de, por ejemplo, especias, que le da un sabor, aroma y color característicos).
Corteza de queso artificial
La corteza artificial está elaborada con una mezcla de ceras, parafinas o algún tipo de pintura específica que le sirve de protección al queso. Además, se usa para mejorar su aspecto visual y hacer que el producto te parezca más atractivo. Lejos de perjudicar la calidad del queso, ayuda en su proceso de maduración. No están fabricadas para ser consumidas, y por ello siempre encontrarás en ellas la etiqueta de «corteza no comestible«.
Así pues, ¿qué tipo de corteza puedes comer?
Puedes ingerir cualquier tipo de corteza natural. Pero la realidad es que algunas resultan más agradables al paladar que otras.
Las cortezas frescas de quesos blandos como el brie con presencia de moho forman parte de la esencia del producto, por lo que puedes comerlas sin miedo si se trata de un producto de calidad. En este punto queremos destacar que no conviene que la consumas en grandes cantidades, ya que podría resultar algo indigesta.
Por otra parte, las naturales duras pueden ser difíciles de masticar precisamente por esta característica. Algunas de ellas pueden adquirir un sabor demasiado intenso, por lo que es recomendable que comas tan solo una pequeña porción. Un ejemplo lo tienes en el parmigiano reggiano.
Las cortezas de quesos con algún recubrimiento especial elaborado a partir de ingredientes naturales de primera calidad presentan un sabor muy especial que merece ser degustado. Se trata de quesos lavados con vino o que contienen romero, pimentón y otras especias. ¡Su sabor no te dejará indiferente!
En nuestra tienda online podrás adquirir queso de oveja al romero. Un producto 100 % artesano, con muy poquita mezcla de cabra, curado al romero y con un sabor y notas olfativas distintivas que lo hacen único.
Los quesos bañados con aceite de oliva, como nuestros quesos en aceite flojo y en aceite fuerte también son exquisitos cuando se consumen con su corteza. Están elaborados con leche de oveja y un pequeño porcentaje de leche de cabra. Te sorprenderán por su cremosidad y especial textura.
¿Cómo puedes aprovechar las cortezas más duras?
En quesos de alta calidad que presentan una corteza extremadamente dura (como el parmigiano), sería una auténtica lástima que desecharas la corteza. Pero traemos buenas noticias, ya que puedes darle otro uso en la cocina.
La forma más sencilla de aprovecharla es añadirla a sopas, guisos, estofados, salsas… La cocción hace que se ablande y además, proporcionará a tus platos un intenso sabor. Tu risotto o minestrone ganarán un extra de aroma y cremosidad.
Otra opción es añadir la corteza directamente a la fuente de servir, como en el caso de los asados de verdura y carne. Tus platos se verán enriquecidos de una manera muy sencilla.
En definitiva, cualquier queso protegido con una corteza generada como parte de su proceso natural de envejecimiento puede ser consumida. Sin embargo, siempre debes tener en cuenta las condiciones de higiene del producto en particular. Los quesos que se comercializan sin envasar podrían suponer un riesgo para nuestra salud, ya que es la propia corteza la que protege el interior de los agentes externos. Y tú, ¿eres de los que siempre se deja la corteza del queso o de los que se la comen? Déjate guiar por tu gusto personal y ¡atrévete a probar!


