Los quesos del mundo son de lo más variados, y los actuales son el resultado de una larga evolución. La elaboración del queso se desarrolló en torno al año 8.000 a. C. al tiempo que se domesticaba la oveja. Desde entonces, este alimento se ha diversificado y ha llegado a todas las partes del planeta. Pero, ¿sabes cómo era el queso de los romanos?
Características del queso romano
El queso romano no se diferenciaba radicalmente del moderno. Sin embargo, debes saber que esta civilización fue la primera en desarrollar el queso duro o sólido, como el manchego de hoy día, el cual se conserva durante más tiempo. Esta es una característica importante en esta época, ya que los romanos no tenían medios tan sofisticados como los actuales para conservar la comida.
Además, eran capaces de producir diferentes variedades para fines diversos. Podían ser dulces, salados, secos, frescos o duros. Cada uno de ellos tenía varios cometidos. Por ejemplo, el dulce podía servir a modo de postre, para elaborar panecillos que ofrecer en los sacrificios o para producir pasteles que se consumían en las festividades.
Técnicas de elaboración
Los romanos elaboraban el queso durante la primavera y el verano. Preferían la leche de cabra y de oveja, aunque tenían constancia de que la de vaca podía cundir más por su cantidad. La producción empezaba inmediatamente después del ordeño, algo que no debería extrañarte.
La leche cruda puede resultar peligrosa, ya que se degrada con rapidez. Así, para evitar que se cuajara de forma indebida, los romanos se ponían manos a la obra en muy poco tiempo.
El cuajado de la leche era muy importante, puesto que esta cultura buscaba eliminar la mayor cantidad de líquido posible. Así, concentraban las proteínas, la grasa y el calcio. Al líquido le añadían cuajo natural obtenido de los animales o de algunas plantas, como es el caso del cardo y, una vez que empezaba a coagularse, lo pasaban a unos recipientes especiales.
Estos eran conocidos como encellas o fiscellae, unas canastas agujereadas que permitían separar el exceso de agua. Para conseguir un mejor resultado, aplicaban peso sobre la materia coagulada. Por un lado, conseguían escurrir todo el líquido sobrante y, por otro lado, dotaban al queso de una textura sólida desde el principio. Además, también lo rociaban con sal, algo que contribuía a potenciar el sabor y a eliminar aquellos microorganismos que pudieran resultar peligrosos.
Una vez listo, el alimento se almacenaba en un entorno húmedo y a la sombra para curarlo. También añadían algunos aromatizantes, como era el caso del tomillo o de los piñones. Como ves, el método no ha cambiado tanto en 2.000 años.
Otro aspecto importante es que se trataba de un alimento omnipresente en el día a día de un romano. Lo utilizaban en el desayuno, como tentempié a media mañana, para la cena y a modo de postre.
Tipos de quesos de la Antigua Roma
En la Antigua Roma, en especial durante el Alto Imperio, disfrutaban de diversas variedades de queso. Podías encontrarlos de origen galo, que eran muy frescos y duraban poco; el de las zonas alpinas, proveniente del norte de Italia y de las provincias Retia y el Nórico; también podían encontrarse quesos traídos desde Turquía o la misma Grecia.
La propia Roma producía queso ahumado, el cual se llegaba a asar para darle un mejor sabor. Este se elaboraba a mano, desde el cuajado al prensado, y se ahumaba posteriormente. A la hora de producirlo, primero se cortaba la leche semicuajada cuando estaba tibia, luego le echaban agua hirviendo y se pasaba a una encella de boj para comprimirlo. Además, lo endurecían con una salmuera y lo ahumaban con leña de manzano o paja.
Por último, también podían encontrarse quesos aromatizados, algo que conseguían añadiendo diferentes especias a la leche. Lo normal era que añadieran tomillo o piñones, pero llegaban a utilizar ramas de higuera para mejorar el sabor.
Consumo de todas las clases sociales
La sociedad romana se dividía en diferentes clases, aunque estas varían de una época a otra. No es lo mismo la Roma de la monarquía (siglos VIII-VI a. C.) que la del final de la república (siglos VI-I a. C.). Sin embargo, durante el alto imperio, el momento de mayor esplendor de la civilización, encontrarías varias clases. Desde los senadores y los caballeros, los dos grupos privilegiados, hasta la humilde plebe de Roma o los esclavos, todos ellos comían queso.
Era un alimento abundante y muy sencillo de producir, lo que hacía que su precio fuera bajo. Así, no importaba que fueses el mismísimo emperador o un legionario que luchaba en las fronteras, pues disfrutarías de un queso muy parecido.
En definitiva, probar los quesos del mundo es algo que puedes hacer hoy en día. Tienes a tu alcance una gran variedad y es posible que encuentres réplicas modernas de quesos antiguos. Pero si quieres probar los mejores quesos del mundo, en Quesos Romero vas a encontrarlos.


